Salvo un imprevisto, que en política solo proviene de una razón predeterminada, Daniel Ortega saldrá por la fuerza, como Maduro en Venezuela o el resto de fósiles aun sanguinarios del castrismo del siglo XXI; o bien, con una genuina reforma a la Ley Electoral que permita elecciones trasparentes y vigiladas por la Comunidad Internacional. La primera opción está bastante difícil de lograr pues ni siquiera existe una verdadera oposición política e incluso cuando los nicaragüenses en el exterior, aun con todas las buenas intenciones de lucha, atraviesan muchas dificultades. Entonces, lo que queda sería la segunda, tema que se afianza más en el debate después de la realización en Managua recientemente de la presentación a dichas reformas, elaborada por la fundación Diáspora Global Nicaragüense (Diasclonic) y el lanzamiento de la Plataforma Multisectorial de la Unidad, que reúne a una variada expresión de organismos políticos y cívicos estructurados en torno a una salida a la crisis nacional generada por Ortega, que estuvieron desde los inicios de la protesta de abril de 2018 y que tiene una clara oposición a todo lo que tiene que ver con el sandinismo, sea cual sea su procedencia.

Aunque ha habido otras propuestas anteriores y posteriores a esta, entre las que se incluyen algunas aglutinadas en viejos y nuevos organismos para análisis electorales, además de la Organización de Estados Americanos (OEA) en conjunto con el propio régimen orteguista, es importante señalar que la presentada por Diasglonic y la Plataforma Multisectorial de la Unidad, además de aspirar a sepultar la asquerosa diputación regalada del pacto Alemán-Ortega y promover la unidad, también estipula la no reelección presidencial y otros aspectos de interés nacional, es la que reaviva con mayor vehemencia, jurídicamente hablando la necesidad de implementar en los próximos comicios el voto del exterior, tema en el que muchos de sus miembros incluyendo a su presidente, Rafael Cárcamo, han impulsado desde unos quince años, con recursos netamente propios y con mucho voluntariado.
Este voto, que no ha sido implementado y que fue acordado desde 1989, sigue siendo obstaculizado por el orteguismo, pero debe implementarse pues los nicaragüenses del exterior, además de enviar 1,600 millones de dólares anuales, conforman una reserva, una masa votante necesaria para pulverizar al régimen y frenar así sus chantajes en la nueva democracia que pronto vendrá.

En efecto, la economía de Nicaragua no anda nada bien, y aunque no es aun el caso de la cubana o venezolana, son los nicaragüenses del exterior quienes mantienen a flote el andamiaje socioeconómico, gracias a las remesas.

Sin embargo, quienes las envían son personas a quienes se les violan sus derechos humanos electorales. Y de eso trata esta propuesta, la cual debe ser presentada sobre todo (y debatida) en Estados Unidos, Costa Rica, España y en cualquier confín donde haya ciudadanos afectados en su derecho al voto.

Por cierto, me llamó la atención que el excanciller y aparentemente exmiembro ahora del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Francisco Aguirre Sacasa, haya elogiado esta propuesta, la que tildó de “parecida” en algunos aspectos a las iniciativas de los cantones electorales suizos. ¡Enhorabuena!, pues aunque tarde que bien que el otrora canciller ahora repare en las ideas emprendedoras sobre leyes que él mismo defendió y se sirvió de ellas, anteriormente, dándose cuenta que ahora merecen ser reformadas.

Nicaragua merece mejores días. Y estos solo llegarán con Ortega fuera del poder, ya que a este, está demostrado, ni siquiera cosquillas le hacen las presiones internacionales vengan de donde vengan, como tampoco la presión nacional, a quien él subestima y seguirá subestimando mientras no surja un autentico líder nacional capaz de retarlo y llevarlo contra las cuerdas de la denuncia y la inmoralidad privada y pública que por años ha cometido, sin que hasta el día de hoy nadie lo haya sancionado, ni siquiera por los delitos de lesa humanidad que ha cometido. Una reforma a la Ley Electoral que lo tumbe del poder primero, y segundo que luego permita una aplicación certera de la justicia, serían los pasos idóneos para recuperar la libertad y la democracia.

Si las armas en esta ocasión están vedadas en parte por el análisis geopolítico internacional, lo que no es cierto mientras guerrillas como el ELN no se desmovilizan en Colombia y mientras haya tiranías despóticas como en Nicaragua, es congruente retomar el debate del uso de la fuerza; pero mientras, promover una reforma electoral podría ser la solución sin derramar una sola gota de sangre.

El autor es poeta y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos.
Canciller de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna en Miami y secretario de Foro Miami Paralelo XXI.
Su último libro se titula “Poeta autoconvocado”.